Redes sociales, reto para la privacidad y la ciberconvivencia [Comunicación & Pedagogía]

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(Artículo de Jorge Flores publicado en la revista Comunicación & Pedagogía en su nº 255-256 de marzo de 2012.)

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Las redes sociales son, al mismo tiempo, un lugar donde vivir nuestra vida digital y un canal de comunicación. Es por ello, porque concentran nuestra actividad social online, por lo que son relacionadas con los problemas de seguridad que, aunque no siempre, son provocados por otros usuarios. Es por ello importante analizar qué cambios significativos vienen aportando realmente las redes sociales y, en función de ellos, qué medidas pueden ser adoptadas.

¿Nuevos riesgos con las Redes Sociales?

Para empezar, conviene señalar que las Redes Sociales no son las culpables de determinados peligros que hay en la Red, como se tiende a apuntar, no en último extremo. Se trata simplemente de una evolución de Internet donde confluyen una serie de servicios que ya venían existiendo, como la mensajería instantánea y la edición de blogs (Messenger, Fotolog…). Cierto es que hay otras opciones nuevas de alto valor añadido y potencia, pero en esencia estamos hablando de datos personales, de contacto con otras personas y de edición de contenidos. Nada nuevo antes de las Redes Sociales. Internet no es sino una gran Red Social y éstas subconjuntos a medida de la misma.

Lo que sí es cierto es que, por su finalidad, estas plataformas invitan a la participación activa, esto es, a conocer otras personas (formando la Red), a “subir” contenidos (cada vez más audiovisuales) tanto propios como ajenos, que además van trazando los perfiles e intereses de cada cual. Y en demasiadas ocasiones priorizan “su negocio” frente al de sus usuarios, en especial, de los menores, buscando tener más datos para vender y cruzar, intensificando al extremo las opciones de “conectarse con otra persona” incluso de forma transparente para el usuario, imponiendo condiciones de uso abusivas, potenciando indiscriminadamente las afiliaciones automáticas para ganar impactos publicitarios por volumen de usuarios. Y en este punto habría que sacar a colación el “interés superior del menor” promovido por la Convención de los Derechos del Niño y la responsabilidad legislativa de las instituciones, junto con términos como Responsabilidad Social Corporativa que las entidades, con legítimo ánimo de lucro, sería deseable observaran. Pero establecer los límites es un largo debate y volveríamos a usar la controvertida palabra ‘autorregulación’.

Opino que la esencia de la Red es la misma que hace 20 meses, y los usuarios también. Y los problemas o riesgos para los menores, los mismos que acompañan a Internet desde el inicio. Sin embargo, la forma en que operan las redes sociales puede incrementar la incidencia de las situaciones de riesgo.

¿Cómo afectan las redes sociales a la seguridad de niños, niñas y adolescentes?

Podemos decir que sí han intensificado las probabilidades de riesgo a tenor de las características que les son comunes a la mayoría:

  • Pérdida del criterio de referencia. Promueven más las relaciones entre personas a través de otras personas, por lo que se pierde el control directo de la referencia y el criterio de selección o confianza usado se diluye según los nodos se distancian. Ampliar relaciones es en sí positivo, pero el efecto negativo es más probable cuando no se ha podido usar el propio criterio de filtrado, sino uno inducido, digamos “transitivo”. Ejemplo: por cortesía o costumbre abro mi Red a cualquier amigo de un amigo que me lo pide… y resulta que me tengo que remontar tres niveles para ver cómo entró en mi red, y con ello, el criterio de filtrado se ha desvirtuado varias veces.
  • Exceso de operatividad sin intervención directa y consciente del usuario. Disponen de demasiadas funciones automáticas que el usuario novato desconoce. Ayudan a crecer a la Red, y en teoría a la función relacional de la misma buscada por los propios usuarios, pero también a potenciar la propia plataforma. Ejemplo: me doy de alta en la Red X y salvo que preste atención para impedirlo (si es que conozco que lo hace) serán invitados de manera automática a unirse a mi red (lo hagan o no ya saben, cuando menos, que yo me he dado de alta) todas las personas que tenía anotadas en mi servicio de webmail (tipo hotmail, gmail…) si es que las compañías respectivas llegaron a ese acuerdo al que yo les autoricé, seguro, aceptando sus condiciones generales que no llegué a leer.
  • Funciones demasiado potentes y de efectos desconocidos a priori. Existen posibilidades en exceso avanzadas para compartir todo tipo de cosas. Estas ‘gracias’ que el programa nos prepara pueden ser un grave problema, sobre todo para quien desconoce su funcionamiento. Ejemplo: si te etiquetan en una fotografía (cosa que tú desconocías que se pudiera hacer) y tienes el perfil más o menos abierto, es como si la pusieras tú mismo a la vista de mucha gente. Significa esto que alguien ha decidido por ti qué hacer público.
  • Concentración del universo de relaciones de manera intensiva. De sobra es conocida la escasa perspectiva que tienen los menores de la repercusión y alcance de lo que publican (lo dice quien ha hablado con muchos cientos). Cualquier cosa en la Red puede tener un eco brutal. Si eso afecta directamente a ‘mi red’, el efecto puede ser demoledor, como el de un veneno concentrado y selectivo. Ejemplo: una calumnia en una página web puede tener más o menos eco, pero si se vierte en el contexto de tu Red, el efecto es mucho más rápido y doloroso, aunque no lo pueda ver tanta gente.
  • Registro y uso, de manera explícita o no, de información muy precisa. Basan las relaciones en el perfil, intereses y actividad de los usuarios por lo que les requieren muchos datos y les registran sus acciones dentro de la propia Red. El usuario es víctima de un rastreo intensivo (atención, como lo es en los videojuegos y otras muchas actividades online que requieren identificación previa) que adecuadamente tratado puede crear una información de mucho más valor que la explicitada. Ejemplo: desde que entro en la Red pueden quedar registrados mis movimientos e intereses de todo tipo más allá de la información del perfil que de forma voluntaria proporcioné (dónde pincho, con quién hablo, cuánto tiempo dedico…).
  • Presentación al usuario las opciones de manera demasiado interesada, lo que suele implicar pérdida de privacidad. Tras una supuesta intención de ayudar y agilizar, suele ser política común de las plataformas de Redes Sociales ayudarse a sí mismas. Así, pondrán muy poco énfasis en que el usuario configure las opciones de privacidad de los datos y, sin embargo, insistirán en que completemos los perfiles con todo tipo de cuestiones. Ejemplo: al darme de alta me preguntan datos de lo más variado sin los que no me dejarían registrarme, tras lo cual podré empezar a utilizar la Red sin haber configurado de forma explícita con quién y qué tipo de datos personales o de actividad quiero compartir.

En definitiva, por entender lo que implican las redes sociales podríamos compararlas con una vivienda en la que viven tres inquilinos y a la que se incorporan tres nuevos moradores. De manera automática se va a resentir la privacidad y la convivencia pasa a presentar un grado mayor de exigencia. Es por ello preciso tomar conciencia cuanto antes de que en las redes sociales estamos junto a los demás y ellos con nosotros, esto es, se debe enfatizar el sentimiento de comunidad y de corresponsabilidad. Así, por ejemplo, hay que hacer hincapié en la protección personal y proactiva de los datos y la privacidad tanto propios como ajenos e implicar en esto tanto al conjunto de los usuarios pero también a las propias redes sociales.

Identidad digital inferida y más compleja

Otro efecto derivado de la “socialización digital” que se hace de la información y actividad personal de quienes usan las redes sociales es la formación de una identidad digital más compleja, compuesta de un mayor número de elementos, y más inferida, esto es, definida por actuaciones de terceros, especialmente otros usuarios y la propia red social. Es curioso que lo que la Red dice que somos o hacemos depende cada vez menos de lo que cada cual decida contar online; otros lo hacen por uno. Un ejemplo evidente, quizás el más sibilino pero efectivo, es el de las etiquetas en las imágenes donde alguien decide de forma unilateral identificarte en una imagen con lo que ello significa referido al contexto, el momento, las compañías y la propia acción fotografiada. Esta posible indiscreción a buen seguro se verá reforzada por la red social que, interesada en mantener a sus miembros el mayor tiempo posible dentro de su sistema y haciendo “clicks”, se encarga de divulgar la existencia de una fotografía en la que aparece el usuario etiquetado entre todos aquellos que pudieran tener algún tipo de relación con el mismo. El resultado es tan evidente como potente y desconcertante: otros cuentan mi vida por mí, según su criterio, con la inestimable ayuda de la red social.

Convivencia digital comprometida

Todos sabemos que el refrán “ojos que no ven, corazón que no siente” es una gran verdad. También tenemos la experiencia de haber interpretado mal una situación o un texto escrito en un correo electrónico. Ocurre en las redes sociales que la profusión, la potencia y, a ojos de los usuarios, la imprevisibilidad con la que se difunde una información es muy alta y ello provoca no pocos conflictos entre quienes las usan. Además de esto, hay que tener en cuenta que la faceta de plaza pública en la que todo se comparte que presentan hace que lo que allí figura tenga un mayor impacto y es en ocasiones utilizado de forma premeditada para realizar daño.

Recursos online para la prevención

La privacidad en las redes sociales ocupa desde hace tiempo a PantallasAmigas ya que constituyen además un factor de riesgo para otros problemas como el grooming o el ciberbullying. Es por ello que hemos promovido muy diversos recursos educativos relacionados con esta temática.

  • La “Netiqueta Joven para Redes Sociales” (septiembre 2010) presentada en la página http://www.netiquetate.com hace un intenso énfasis en la cuestión de las etiquetas en las fotografías.
  • Un recurso complementario es el vídeo “¿Tienes privacidad de verdad en las redes sociales?” (mayo 2010) publicado en nuestro canal de YouTube.
  • En el caso de http://www.redayneto.com (febrero 2010) buscamos con la Agencia Vasca de Protección de Datos la promoción  de la cultura de la privacidad y la protección de datos personales desde edades tempranas, desde los 7 años.
  • Por último, las iniciativas http://www.cuidadoconlawebcam.com (junio 2010) y http://www.cuidatuimagenonline.com (octubre 2010) contribuyen a este logro en la adolescencia.

Al margen de estos recursos que pueden ser usados directamente con el alumnado, también están disponibles online una serie de webs que pueden servir de apoyo a los profesionales que deseen profundizar en el conocimiento y la prevención de este tipo de problemas. Existe un site dedicado al ciberbullying (http://www.ciberbullying.com) que está completado con otro especializado en las cuestiones legales relacionadas con las acciones más comunes realizadas en la Red (http://www.e-legales.net). Por último, el sexting (http://www.sexting.es) y la sextorsión (http://www.sextorsion.es) son dos cuestiones vitales relacionadas con la producción y manejo de imágenes íntimas, problemática cada vez más común en la adolescencia.

Redes sociales, reto para la privacidad y la ciberconvivencia

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Los ciberderechos de la infancia en Internet [PCactual.com]

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(Artículo publicado en PCactual.com.)

INTERNETamiga fue nuestros proyecto impulsado con motivo del Día de Internet, y desarrollado por 25 organizaciones en diez países de habla hispana, para permitir a los propios adolescentes manifestar hacer oír su voz y decir qué derechos consideran imprescindibles para ellos en la Red.

En el año en que se celebraba el vigésimo aniversario de la Convención de los Derechos del Niño (CDN) y en el marco del Día de Internet, donde las Naciones Unidas por medio de su Secretario General destacó la necesidad de «proteger a la infancia en el ciberespacio», se ha creado un decálogo de e-derechos de la infancia, con la participación necesaria de sus protagonistas.

Había un único antecedente cuando en 2004 Unicef reunió los «e-derechos de los niños y las niñas», pero desde un punto de visto más simbólico que operativo, puesto que Internet era diferente, escasa e incipiente para este colectivo. Pero en esta segunda ocasión han sido cuestiones concretas, aunque abiertas, las que se han sometido a la valoración de los propios protagonistas, los menores.

Y es que nunca antes habían tenido tan intenso conocimiento del contexto y los asuntos que les atañen, por encima incluso del que atesoran las personas adultas encargadas de protegerles. Así, para facilitar el proceso, les fueron presentados quince derechos que podían ser requeridos en Internet.

De ellos, cada menor tuvo que seleccionar diez aunque también contaban con la posibilidad de formular nuevas necesidades, nuevos derechos que consideraran prioritarios y que pudieran ocupar un lugar en el decálogo si superaban el consenso necesario.

Todo este proceso se llevó a cabo dinamizado por docentes que contaban con los recursos didácticos y la metodología para provocar la reflexión previa en torno a estos temas facilitada desde INTERNETamiga en su intervención «¡Opina!». Haciendo un cómputo de las diferentes votaciones, éste fue el resultado final que a continuación os facilito:

  • Derecho a ser tratado/a con respeto siempre en Internet, sin discriminación y sin distinción de etnia, sexo, ideología o cualquier otra condición personal.
  • Derecho a denunciar y contar con ayuda en las situaciones que sean violentas o desagradables.
  • Derecho a ser protegido/a frente a los contenidos y personas potencialmente nocivas así como a ser instruido/a en relación a las pautas básicas de autoprotección en la Red.
  • Derecho a ser informado/a de todos mis derechos dentro y fuera de la Internet.
  • Derecho al acceso y uso de Internet para la información, la comunicación, la educación, la cultura, el ocio y la participación en la sociedad.
  • Derecho a no revelar mis datos personales y, en su caso, a conocer y a controlar el uso que se hace de ellos.
  • Derecho a que nadie vulnere mi honor, mi reputación o mi dignidad en la Red.
  • Derecho a acceder a una Red libre de contenidos ilegales y de servicios fraudulentos.
  • Derecho a estar protegido/a de la publicidad, como en cualquier otro medio de comunicación (TV, prensa escrita, radio, etc.).
  • Derecho a acceder a los contenidos y servicios de la Red sin restricciones o censuras de tipo político o ideológico.

Es obvio que, en esencia, la Convención de los Derechos del Niño no admite revisión a pesar de sus veinte años de madurez. Sin embargo, sí es preciso una reformulación y una mayor concreción de los derechos en clave del nuevo orden social creado en relación a la Red.

Se dan nuevas situaciones de vulneración de la Infancia donde lo que varía es la brutal intensidad de sus consecuencias, la alta probabilidad de producirse, la gran frecuencia con que se presentan o, en muchos casos, la elevada dificultad de prevención, detección o reacción.

Por eso tenemos que dotar a nuestra sociedad de mecanismos para garantizar una ciberinfancia protegida que, además, pueda utilizar la Red para la participación y su propio desarrollo.

Por Jorge Flores, director de PantallasAmigas

Los ciberderechos de la infancia en Internet

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